Un intento de quitarse la vida rara vez tiene una sola causa. Detrás del motivo que trae el paciente puede faltar algo más elemental: alguien que le espere, algo que hacer, alguna razón por la que merezca la pena que haya un mañanaEscuchar el artículo
Mientras el país mantiene una de las tasas de suicidio más altas de América Latina, el programa ECHO conecta distintos especialistas para dar mejor respuesta a las alarmas
El porcentaje de adultos hispanos en Estados Unidos que se plantearon el suicidio se duplica desde el 2008. La actual crisis migratoria y las consecuencias de la pandemia recrudecen las condiciones de la comunidad
Se creó en San Antonio de los Cobres, una pequeña localidad con una alta tasa de muertes. Involucra a los jóvenes en encuentros participativos y les dan un rol activo para sostener los espacios
El psicólogo acaba de publicar un libro en el que trata de explicar un problema de salud pública en el que presta especial atención al sufrimiento de los supervivientes
Enrique Echeburúa, junto a su despacho, en San SebastiánJAVIER HERNANDEZ JUANTEGUI
Cuenta Enrique Echeburúa (San Sebastián, 72 años), catedrático emérito de Psicología Clínica en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), que cuando se produce un suicidio, además del propio fallecido, hay otras víctimas, y no reciben el apoyo adecuado. “Lo primero es facilitar que esa familia, que ha perdido un hijo, o esa persona que ha perdido a su pareja, se desahogue, pueda comentarlo”, explica. “Lo peor es el silencio, porque muchas personas no hablan con ellos, incluso de su círculo de vecinos o sus amigos, porque no saben acercarse, y esto lleva a un aislamiento social”, continúa en una conversación por videollamada.