La pandemia ha hecho aumentar la distancia física y emocional, y la desconfianza entre las personas, pero la socialización tiene efectos directos sobre la salud física y mental
La pandemia producida por la COVID-19 está teniendo efectos muy negativos en la salud mental de las personas. Durante el confinamiento muchas personas se vieron forzadas a pasar sus días en soledad, mientras que otras tuvieron que convivir más estrechamente de lo que hubieran deseado con familiares o compañeros de piso.
Lo único ficticio de esta historia sobre el chantaje emocional de Lorenzo es el nombre. Todo lo demás es cierto, y resume cómo actúan los chantajistas de su tipo. En su caso, su pareja se llamaba Begoña. A los 15 años comenzó una relación con Lorenzo que se alargó durante una década y ha dejado huella: “Me hacía sentir pequeñita y actuaba de un modo siempre beneficioso para él, pero haciéndome creer que era yo la que salía beneficiada”. Afortunadamente, Lorenzo comparte psicología y técnicas con otros como él y esta historia es la de cómo se detectan y anulan sus malas artes.
Se dice que Albert Einstein aseguró que en el mundo solo hay dos tipos de personas, las que creen que todo es un milagro y las que piensan que nada lo es. Lo cierto es que es difícil saber si el célebre físico pronunció estas palabras (se le han atribuido muchas que nunca dijo, como la de que “todo es relativo”). Sin embargo, esta división vale para numerosas cuestiones en la vida: hay quien aborrece el queso y quien lo comería cada día; quien ama el cine de Almodóvar y quien lo odia; y, con esto de la pandemia, quien cumple las medidas y quien pasa olímpicamente (un auténtico quebradero de cabeza para los primeros).
Chema Ortiz teme enfermar de un virus o una bacteria. Prescindió del sexo y se autoconfinó entre 2006 y 2008. Ahora su miedo es real. No es un caso único
Chema Ortiz empieza el ritual de llegar a casa. Se frota los pies en el primer felpudo, el que está justo a la entrada. Cuando gira la llave, salta y cae sobre el segundo felpudo. “Segunda limpia de seguridad”. Estira la mano hacia su derecha, donde tiene colocado un zapatero, y coge un palillo para repasar las suelas. Después pasa un trapo de usar y tirar. Frota bien. Se pone las zapatillas de andar por casa. Se limpia las manos concienzudamente. Se cambia de ropa. Se vuelve a limpiar. Termina su protocolo y respira ya en su “zona de confort”, donde todo sigue milimétricamente colocado. Limpio. Impoluto. Chema, con 36 años recién cumplidos, sufre un Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) diagnosticado a los 13, lo cual le provoca una preocupación excesiva por la limpieza, los virus, las bacterias. Ahora, en tiempo de pandemia, su temor se multiplica. Con la covid-19, sus años de terapia han saltado por los aires. “Porque son mis miedos de siempre, con lo real añadido”.
En la Comunidad de Madrid hay entre 39.000 y 65.000 personas con este trastorno mental grave, según el Plan estratégico de salud mental 2018-20. Pero estas estadísticas no reflejan las consecuencias de un hecho como el confinamiento, el miedo al virus, a contraer una enfermedad o los efectos de la desescalada. Los expertos creen que no se sabrá su incidencia en la población hasta dentro de varios años.
Unos rehúsan abandonar la seguridad del hogar, otros disfrutan con alegría de las opciones de cada fase y los hay que incumplen las normas sin temor alguno. Se ve que no todos somos iguales ante el peligro…
El País/BuenaVida/Psicología/María Paredes/16junio2020
Ya se ve solo con salir a la calle en una gran ciudad como Madrid: hombre de mediana edad con mascarilla; grupo de tres adolescentes con mascarilla-bufanda, esto es, la que se lleva en la papada; mujer mayor con mascarilla y mirada recelosa al prójimo; embarazada con mascarilla y añadido de visera protectora para los ojos. Se ve claramente que, en esta época de necesaria precaución, cada quien entiende el concepto de riesgo a su manera… ¿Por qué tantas diferencias ante una amenaza tan clara? ¿Qué hace que algunas personas vean peligros por todas partes y otras apenas se den por aludidas?
Nos enfrentamos a una catástrofe global. Y no hablamos del coronavirus, hablamos de la salud mental de las personas en todo el mundo. Mientras vemos que las cifras de infectados y fallecidos por la Covid-19 ha ido descendiendo los últimos meses, los trastornos del estado de ánimo no han hecho más que aumentar y esto no se para aquí.
Las repercusiones de la pandemia van mucho más allá de la política y la economía. Así lo revela un estudio liderado por la spin-off de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Las spin-off son iniciativas empresariales promovidas por miembros de la comunidad universitaria. La de la UOC revela que la salud mental del 46% de los españoles está en riesgo debido a la situación que estamos viviendo con la crisis del coronavirus.
Lo hemos visto en el cine, escuchado en canciones, leído en novelas y poemas, y prácticamente todos lo hemos experimentado en nuestras propias carnes. Esos amores que nunca llegan a ser, en los que una de las partes sigue enganchada meses e incluso años después de que acaben. Se clavan como una espina en el corazón y su recuerdo da vueltas en la cabeza como un fantasma que se resiste a desaparecer. Atención al spoiler de tu propia película: lo que sientes no es amor, pero tampoco una obsesión. Es, más bien, una adicción.
Por una vez, los españoles estamos de acuerdo: el confinamiento no es fácil. Muchas horas entre cuatro paredes, demasiada incertidumbre en el ambiente y tiempo de sobra para preocuparnos por todo. Pero si a la gran mayoría se le está haciendo demasiado largo, también hay quien, ahora que puede, se niega a salir de casa. En muchos casos es una reacción normal, en muchos otros se explica por algún tipo de fobia. ¿Cuáles son los problemas más comunes? ¿Cómo se manifiestan?
Comenzó como un mal sueño en el que España entera acabó encerrada en casa. Los confinados sintieron sorpresa, miedo y hasta euforia, cuando aceptaron la situación como una oportunidad para concluir proyectos abandonados. Casi mes y medio después, todo ha cambiado: el cansancio, el agobio, la incertidumbre, la preocupación y la desesperación se hacen notar. La vida es ahora peor, no hay que negarlo. Es más, reconocerlo es el camino para aliviar el sufrimiento y asegurar que las emociones desagradables de hoy no engendran un problema grave mañana. Cómo hacerlo también se aprende.
En los últimos tiempos, la neurociencia está desvelando secretos apasionantes del cerebro, pero también está difundiendo algunas ideas que causan confusión. Por ejemplo, Eric Kandel, premio Nobel de Medicina, ha llegado a afirmar que «el cerebro construye nuestra experiencia sensorial, nuestros pensamientos y emociones, y controla nuestras acciones». Es fácil interpretar este tipo de afirmaciones de manera que releguemos al ser humano a una especie de robot biológico, un ser incapaz de cambiarse a sí mismo. La lógica dice lo contrario, y la capacidad de aprender demuestra que no es así.