El objetivo de esta actividad es crear un espacio de diálogo entre hombresinteresados en reflexionar sobre la violencia que experimentan las mujeres y sobre cuál es nuestro papel como hombres para eliminarla.
Se ha cumplido hace poco un año de este momento pandémico que estamos viviendo a nivel mundial. Un año muy intenso, en el que vamos aprendiendo sobre la marcha a sobrellevarlo, con diversidad de estados emocionales, con diversidad de experiencias, un año duro a nivel relacional, un año de introspección, un año de rabia, congelamiento, etc.
Os proponemos haceros esta pregunta. ¿Cómo es la vida que quiero (queremos) vivir? Quizá ahora sea un buen momento para encontrar respuestas, quizá ya lo hayas hecho y estés cambiando tu forma de estar en el mundo, quizá estés deseando que esto termine para volver a lo que hacías antes, quizá te bloqueas a pensar en la respuesta, porque ahora mismo estas enfocado en otras preguntas. Si te sientes llamada/o a contestar esta pregunta de forma colectiva, te queríamos invitar al FORO ABIERTO que tendrá lugar el 23 de febrero de 18 a 20 de la tarde (CET) Coste de la actividad 5 €. Si te quieres inscribir mándanos un email a raul@raulrodriguezprocesos.es, raurodg@gmail.com o jordicornetauge@gmail.com
Hay pacientes que vienen a terapia con muchos temas abiertos, que quieren resolverlos rápidamente y todos a la vez…. se necesita tiempo, ir poco a poco, afianzando y digiriendo lo visto en terapia para favorecer un cambio y una aceptación profundas.
“Mi mujer y yo nos conocimos hace 17 años, y todo iba bien hasta que en el tercer embarazo la cosa se torció. Me sentí rechazado, y eso me distanció de ella. Permití que Peter Pan se apoderara de mí y me fui de fiesta, me dejé llevar y le echaba en cara a ella que, en lugar de tirar de la relación, me siguiera rechazando. Al final fuimos a terapia, juntos y separados, allí empezamos a hablar y nos volvimos a encontrar. Hoy, Peter Pan se ha ido y seguimos juntos”. Admirable exorcismo, el de la terapia de pareja.
Por más que nos la sirvan como uno de los siete pecados capitales, la ira es disidencia, una queja necesaria, una emoción tan útil como la tristeza, que alimenta una conducta ventajosa en situaciones traumáticas, ayuda a reflexionar y puede conducir a la felicidad. Si no fuese por el asco que nos provoca el olor a putrefacción, nos ahogaríamos en toneladas de desechos, y gracias al miedo huimos del peligro. Es momento de borrarle el apellido a las emociones negativas y ser más tolerantes con ellas.
ROCÍO CARMONA 26/10/2020 07:00 | Actualizado a 26/10/2020 07:50
¿Te cuesta concentrarte? ¿Te descubres a mitad de una tarea con la atención vagando por cualquier parte, tratando de obligar a tu cerebro a volver a fijarse en lo que estabas haciendo? Las notificaciones constantes, esa vocecilla interior que te recuerda la lista interminable de cosas que tienes que completar ese día… A menudo nos sentimos sobrepasados por un exceso de demandas y, por si fuera poco, cada vez confiamos más en el apoyo que nos brinda la tecnología para gestionar el día a día.
La pereza no siempre se manifiesta como pereza en la acción, sino como pereza espiritual y psicológica, como una dificultad para mirar dentro de sí y una pérdida del sentido de ser, que se sustituye por una acomodación a lo terrenal.
Si hay una cosa que nos estresa es pensar en aquello que puede ir mal en el futuro. Si hay algo que podemos hacer para aliviarlo, en caso de que ocurriera, es asumir que todo es temporal
PONOMARIOVA_MARIA /
El País/BuenaVida/Psicología/Mariana Gálvez/03.10.2020
Durante los últimos meses hemos aprendido a ponerle todo tipo de apellidos al confinamiento. Está el total, el selectivo, el domiciliario y, ahora que el Gobierno ha anunciado un aumento en las medidas de restricción y movilidad en Madrid, el perimetral. Ha sido salir en la televisión y sucederse las historias de personas que buscan billete para dejar atrás lo antes posible de las grandes ciudades. Lo curioso es que muchos de los que están sintiendo cómo el desasosiego crece en su interior no tenían ningún plan de abandonar su municipio. ¿Por qué, entonces, esa reacción? ¿Por qué estresa tanto la ‘ansiedad perimetral’?