Según la OMS, durante la pandemia se ha observado un aumento en los niveles de ansiedad y estrés, con estudios que indican que alrededor de un tercio de los adultos manifiestan angustia. El estrés se ha instalado en la sociedad e incluso se ha normalizado como parte del estilo de vida.
Comúnmente, la aproximación del verano nos hace querer disponer de un tiempo libre o de una vacación, anhelamos ese periodo en el que el tiempo no tendrá sentido —un fin de semana permanente y fluido—. Teléfonos apagados, el portátil cerrado; el día regido por la marea, por así decirlo, o por los ritmos de nuestro apetito; si el viento es apto para volar una cometa o si el sol está demasiado intenso para quedarnos en la playa —cualquier cosa, que no sean las horas ni los minutos—, esto se debe a que lo que queremos es escapar del tiempo del trabajo, que es, por supuesto, el tiempo que estructura el globo. Mas, ¿ahora qué?
Internet, el teléfono y las redes afectan a nuestra memoria. La psicóloga Julia Shaw analiza en su nuevo libro los mecanismos psicológicos y físicos que influyen en nuestro modo de recordar
Ilustración de Diego Quijano con imágenes de Getty Images
Somos nuestra memoria. Somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”. Difícil encontrar una definición mejor de la memoria que la que ofrece Jorge Luis Borges en este poema. Recordar, una función esencial de nuestro cerebro, es comprobar también la fragilidad de nuestra memoria. Lo errónea que puede ser, lo vulnerable a contaminaciones a partir de lo recordado por otros, o incluso lo capaz de elaborar recuerdos falsos, como demostró la psicóloga Elizabeth Loftus. Los errores de la memoria son la norma y no la excepción, porque las experiencias de nuestra vida no quedan grabadas en nuestra mente, ni el pasado puede ser rebobinado sin más, sino que se almacenan en múltiples fragmentos, y, con el paso del tiempo, esos fragmentos desdibujados pueden recombinarse de un modo distinto a como ocurrieron los hechos en su día.
«¡Sé positivo!». «Eleva tu vibración». «Good vibes only!». «No dejes espacio a los pensamientos negativos». «No te preocupes, o atraerás a tu vida lo que más temes». «Podría ser peor, tienes que encontrarle el lado positivo». «No estés triste/no te enfades, agradece todo lo bueno que tienes en tu vida».
El auge del llamado “pensamiento positivo” está presente cada día de forma más o menos sutil a través de las redes sociales, con memes y lemas que proliferan hasta en las tazas y las camisetas.
Los expertos ya lo han bautizado como ‘Dating deja vu’. Hablamos con ellos y con personas acostumbradas a tropezar una y otra vez con la misma piedra
La prensa anglosajona ha bautizado este fenómeno como ‘dating deja vu’, un juego de palabras que hacen referencia al famoso término francés ‘déjà vu’ (ya visto).GETTY IMAGES/CSA IMAGES RF
Ahí estás. En una cafetería con una persona que has conocido en Tinder. Es atractiva e intelectual, pero también egocéntrica, como todas en las que te fijas. Te habla de los libros que ha leído en el último mes cuando, de repente, te embarga un sentimiento de familiaridad. Esta escena ya la has vivido antes. Esta historia ni siquiera ha empezado y ya sabes cómo va a acabar: como el rosario de la aurora. Pero, en vez de cortar por lo sano, habrá una segunda cita. Incluso puede que seas tú quien la sugiera.
Este no es un caso aislado: muchas personas salen (e incluso se casan) con perfiles totalmente incompatibles. Pero, ¿por qué ocurre esto si a priori no tiene sentido? “La locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”, decía el físico alemán Albert Einstein. Al ser humano le atrae lo que ya conoce aunque sepa que no es la mejor opción. Y este fenómeno tiene nombre: dating deja vu, un juego de palabras que hace referencia al famoso término francés déjà vu (ya visto).
Después del estrés de un año y medio de pandemia, pasar unos días en soledad o en compañía de amigos da la ocasión de reflexionar y recobrar la ilusión por la convivencia
Pasar parte de las vacaciones en compañía de amigos o en soledad en vez de en pareja puede contribuir a fortalecer el matrimonio Getty Images
A todos nos han quedado más o menos claras las instrucciones de las autoridades sanitarias para lidiar con la pandemia como individuos. Lo que no parece tan claro es qué hacer para que nuestras relaciones de pareja no se vayan a pique después de más de un año de estrés, cuarentenas y wifis y espacios pequeños compartidos.
“El verano siempre es relevante para las parejas, y este lo es especialmente porque salimos de una larga convivencia forzada por una situación pandémica donde todos hemos estado más estresados, más preocupados, más agobiados, con hipocondría, ansiedad, fobias…”, asegura Antoni Bolinches. Este experimentado terapeuta de pareja, autor, entre muchos otros, de Tus cuatro poderes (Urano), lo tiene claro: “Este verano, entre echar en falta a tu pareja o saturarte lo mejor es lo primero”.
Los expertos coinciden en que se ha generado apatía social generalizada, pero insisten en la importancia de retomar las relaciones por nuestra salud mental.
Ya sabemos que la pandemia ha impactado en más ámbitos de nuestra vida, además de en nuestra salud. Es obvio que también lo ha hecho en nuestra economía y nuestras perspectivas a corto plazo. Pero también lo ha hecho en nuestras relaciones personales. Con amigos, parejas o familiares. Aunque si echamos un vistazo a las redes sociales podríamos decir que el fenómeno es algo mayor, algo más generalizado. Hay un hastío social. Algo así como si después de la pandemia todo el mundo nos cayera un poco peor que antes. Como si estuviéramos decepcionados con la sociedad.
Apuntes sobre algunas de las tendencias y revelaciones del confinamiento: a Meryl Streep le gusta grabarse bebiendo a morro junto a inquietantes estanterías vacías de su casa. Cate Blanchett atesora un ejemplar de Postcapitalismo, del periodista británico Paul Mason, en su salón. Edurne tiene un cuarto dedicado exclusivamente a sus muñecos funkos. Las campañas de moda ya no nos hacen soñar con lugares exóticos, ahora las modelos posan solas y hastiadas en su habitación. España tuvo su épica global rozando los niveles de fama del Ecce Homo gracias al Merlos Place, una doble pillada de desnudo y cuernos en pleno directo casero entre tertulianos de la que se han cachondeado hasta TMZ y Whoopi Goldberg. El himno amoroso del confinamiento, Zoom, lo lanzó Mueveloreina junto a Valverdina («Te miro embobada por esa pantalla/Con esa carita el ‘cora’ me estalla»). La cuenta @ratemyskyperoom puso nota a los fondos de cada periodista del telediario y celebridad que ha hecho un directo en esta panlivedemia (la librería de aspecto enciclopédico de Tom Hanks se llevó un 9 sobre 10 y «la casa de Hobbit» de Jimmy Fallon, un 7). The Independent criticó «la ridícula policía de las librerías» después de que el escritor Owen Jones señalara públicamente los ejemplares racistas y negacionistas del Holocausto en un selfie de biblioteca de la columnista británica Sarah Vine.
En el campo del sexo hay muchos tabúes y prejuicios que pueden perjudicar nuestro lado más íntimo y erótico, tanto en los hombres como en las mujeres. Pero los referidos a los primeros puede que estén menos visibilizados, porque muchos varones -no todos- no quieren expresar sus debilidades en general, y mucho menos en esta esfera en particular por temor a que se asocie con una masculinidad frágil.
Todos llevamos un niño o niña interior como ser oculto que determina nuestra forma de ser. La persona que somos depende, en gran medida, de cómo vivimos la infancia y los patrones de conducta que entonces adquirimos. Felices, solitarios, expansivos, introvertidos, románticos o aventureros, son diversas formas de ese niño que mora en nosotros. Por mucho que seamos adultos, esa parte infantil sigue viva.