En los últimos tiempos, la neurociencia está desvelando secretos apasionantes del cerebro, pero también está difundiendo algunas ideas que causan confusión. Por ejemplo, Eric Kandel, premio Nobel de Medicina, ha llegado a afirmar que «el cerebro construye nuestra experiencia sensorial, nuestros pensamientos y emociones, y controla nuestras acciones». Es fácil interpretar este tipo de afirmaciones de manera que releguemos al ser humano a una especie de robot biológico, un ser incapaz de cambiarse a sí mismo. La lógica dice lo contrario, y la capacidad de aprender demuestra que no es así.
La psiquiatra y psicoanalista francesa Marie-France Hirigoyen, que acuñó el concepto del acoso moral, publica en español su libro ‘Los narcisos han tomado el poder’
LA ANFITRIONA recibe junto al inevitable diván en su gabinete de la Rue Racine, en el cogollo del Barrio Latino de París. Aquí suele acoger a toda esa pléyade contemporánea de almas en pena por motivos de estrés, depresión, adicciones, disputas familiares, acoso laboral, acoso sexual y el menos evidente (pero no el menos dañino) de los acosos: el moral. Algo sabe de eso Marie-France Hirigoyen (Coulaines, Francia, 1948): fue ella quien acuñó el concepto en 1998 en su libro El acoso moral. El maltrato psicológico en la vida cotidiana, verdadera piedra de toque para lo que acabaría suponiendo su inclusión en el Código Penal francés, con castigos de hasta dos años de prisión para el empleador que acose o permita el acoso. Luego vinieron otras incursiones editoriales por los males de nuestra era, como El acoso moral en el trabajo, Mujeres maltratadas o Las nuevas soledades. Todos estos libros, al igual que Los narcisos han tomado el poder, han sido publicados en español por Paidós. Hirigoyen, que se formó en Estados Unidos y llegó a colaborar con el FBI en un estudio sobre asesinos en serie, es una de las grandes expertas mundiales en victimología y violencias de tipo psicológico, perverso y terrorista. También fue asesora del presidente de la República Francesa Jacques Chirac —hoy fallecido— para cuestiones relativas al acoso y los malos tratos.
También influye en nuestra fortaleza mental, lo que se conoce como resiliencia: ayuda a afrontar los traumas vividos y aprender de ellos y utilizarlos como parte de nuestro crecimiento personal
Cuenta Luis Moya Albiol, catedrático de Psicobiología de la Universitat de València, que de niño disfrutaba haciendo teatro y le gustaba ponerse en el lugar de los personajes para acercarse a su forma de sentir, de pensar y de actuar. Sin conocer siquiera todavía el término, el hoy doctor en Psicología estaba trabajando la empatía, una capacidad a la que ya en la adultez ha dedicado años de estudio y tres libros, el último de ellos Educar en la empatía, el antídoto contra el bullying(Plataforma Editorial).
El miedo en este tipo no siempre se manifiesta, no siempre es observable, sino que puede ser sustituido por un estado de ansiedad que lo oculta y difumina. La ansiedad es como una alarma congelada ante un peligro difuso e imaginario. Dado que la vida, para este rasgo, siempre es amenazante busca algo o a alguien que lo pueda proteger o a quien proteger.
La profunda inseguridad del tipo 6 tiene su origen temprano en la necesidad de renunciar a los propios impulsos a fin de ser aceptado por el entorno familiar, unida al hecho de que esa renuncia, ese hacerse «bueno» consigue tanto la aceptación del entorno como un cierto apaciguamiento de la culpa.
Laurence, T (2013). El Proceso Hoffman. Barcelona: Ediciones La Llave
Libro que relata las fases del Proceso Hoffman, método de autoconciencia, para desprendernos de creencias insanas de nuestro carácter, y que limitan nuestra felicidad presente. El Proceso Hoffman suele tener una duración de ocho días, siendo un curso residencial, y que en su versión más corta ha dado lugar a los residenciales de Parentales, nombre que suele recibir en las formaciones de terapeutas gestalt, y para pacientes de esta corriente de la psicología.
Laurence, T (2013). El Proceso Hoffman. Barcelona: Ediciones La Llave
La avaricia se
manifiesta como una actitud emocional de retención, de contención, que se
complementa con una excesiva facilidad para resignarse y abandonar, para
retirarse ante cualquier dificultad. Les resulta fascinante observar la vida,
pero terrorífico participar en ella.
La actitud
retentiva de la avaricia implica la fantasía de que dejar escapar algo sería
catastrófico: el sentimiento de pobreza interior es tal que perder lo poco que
se tiene es absolutamente temible, equivalente a quedarse sin nada. La avaricia
del tipo 5 es, generalmente, inconsciente, mientras que el apego a la propia
vida interior y la dificultad en la relación con el otro se encuentran más
cercanas a la consciencia.
Desde la terapia gestalt, la neurosis atiende más a un concepto de vivencia, de cómo percibimos la “realidad”, más que a un concepto de enfermedad mental. Sería algo así como que actuamos en la vida de la manera que aprendimos de pequeños, no fiándonos del todo del autoapoyo, ni adaptarnos a las circunstancias nuevas que tenemos delante, dando una respuesta “automática” a las mismas, en función de lo aprendido, tropezando una y otra vez con la misma piedra, actuando de la misma manera ante circunstancias parecidas o que nos rememoran vivencias antiguos, con la percepción interna de que algo “malo” nos pasará u ocurrirá si actuamos de distinta manera.
El amor, una de las expresiones de la emoción básica de la alegría, sirve para abrirnos a los demás, para conectarnos a los demás y compartir, como seres sociales que somos, en un equilibrio entre el dar y el recibir.
Otras expresiones de la alegría serían la amistad, el afecto, el erotismo, el cariño, ….
Una buena gestión de esta emoción aporta serenidad, sentimiento de estar conforme con uno mismo, de conexión con el otro. Una mala gestión nos puede conducir a la euforia o a la tristeza.
Hace unos días, un medio de comunicación mostraba la desoladora imagen de varios parques vacíos tras la noche de Reyes. Años atrás, las imágenes se repetían, niños felices, jugando con sus nuevos juguetes, estrenando patines y adultos enseñando a los niños a montar en bici.
¿Qué está ocurriendo con la infancia? No solo quedaron atrás los juegos en la calle, el rescate, la comba o el escondite, esta es nuestra realidad hoy en día, en las calles como en los parques de las ciudades, cada vez hay menos niños jugando.
¿Cuál es el motivo de este cambio en el juego de los niños? ¿La seguridad? ¿El creciente tráfico de las ciudades? ¿Un aumento del uso de aparatos electrónicos y pantallas? ¿La falta de tiempo?