Más allá de la actividad física: cómo las extraescolares deportivas mejoran la capacidad intelectual, la salud mental y el sueño

Los niños y adolescentes que practican ejercicio después de clase muestran mejorías en su habilidad para planificar y organizar, en resultados académicos o en su conciencia social

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Elegir una actividad que motive al menor aumenta las probabilidades de que mantenga la práctica deportiva a largo plazo.Kathrin Ziegler (Getty Images)

Adrián Cordellat

Madrid – 06 SEPT 2026 – 05:30 CEST

Coincidiendo con el comienzo del curso escolar, muchas madres y padres aún están pensando en las extraescolares de sus hijos, ya que muchas actividades deportivas —especialmente las federadas y las de equipo— mantienen abiertos sus periodos de inscripción o celebran las últimas pruebas de acceso. El esfuerzo por encontrar la actividad que mejor se adapte a las necesidades, los intereses y la rutina familiar bien merece la pena.

Eso, al menos, es lo que asegura el estudio Beneficios de los deportes extraescolares: un análisis global de la salud física y la función cognitiva en la población pediátrica, publicado este 2026 en la revista científica Exercise, Sport, and Movement y premiado por el Colegio Americano de Medicina Deportiva. Según los resultados de la investigación, obtenidos tras el seguimiento de cerca de 800 niños, niñas y adolescentes neoyorquinos, aquellos que practican deporte después de la escuela muestran ventajas cuantificables en capacidad intelectual, salud mental y aptitud física.

Unas ventajas que se mantienen incluso tras tener en cuenta diversos determinantes sociodemográficos que podrían actuar como factores de confusión, como las diferencias sociales, económicas y demográficas entre los participantes. En concreto, según el estudio, aquellos niños y niñas que practican ejercicio muestran mejorías en la capacidad para planificar, organizar y pensar con rapidez; en las habilidades de comprensión del lenguaje; en las calificaciones y otros resultados académicos; en la conciencia social y, por supuesto, en la salud física, lo que incluía mayor fuerza, mayor flexibilidad, mayor gasto energético diario y una menor frecuencia cardíaca en reposo.

“Los resultados no me sorprenden en absoluto. Sabemos de sobra que hacer ejercicio mejora la aptitud física, pero también hay mucha evidencia que demuestra el impacto del ejercicio físico sobre la capacidad intelectual y el rendimiento académico de los niños”, afirma Cristina Cadenas Sánchez, miembro del Comité de Promoción de la Salud de la Asociación Española de Pediatría (AEP). La investigadora de la Universidad de Granada, de hecho, es una de las autoras de un estudio que analizó los efectos de un programa de ejercicio sobre diferentes indicadores de salud cerebral de niños con sobrepeso y obesidad. ¿La conclusión principal? La práctica de ejercicio físico influye positivamente en la inteligencia y la flexibilidad cognitiva.

“El primer castigo que muchos padres ponen a sus hijos ante una mala nota es quitarles las actividades extraescolares deportivas. Este estudio demuestra que el razonamiento debería ser justo el contrario”, sostiene Cadenas, que lamenta que, pese a esta evidencia, alrededor del 80% de los niños, niñas y adolescentes de todo el mundo no cumplen las recomendaciones de ejercicio físico de la OMS (60 minutos diarios de actividad física moderada o vigorosa).

Para Eva Ferrer Vidal-Barraquer, miembro del Servicio de Medicina del Deporte del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, aparte de la estimulación del cerebro provocada por la práctica de ejercicio, la actividad física también puede beneficiar de forma indirecta la capacidad intelectual de los niños y su rendimiento académico. “La mayoría de los deportes requieren regularidad para obtener beneficios; hay que ser constante. Creo que muchos niños y adolescentes que practican deporte trasladan esa regularidad y esa constancia también a los estudios”, asegura.

La médica destaca también el impacto del ejercicio sobre el descanso. El deporte puede actuar como un impulsor del sueño, en un contexto en el que, según los resultados del 15º Informe FAROS, elaborado por el propio Hospital Sant Joan de Déu, un 17% de los niños españoles acude con sueño a la escuela y alrededor del 52% de los adolescentes confiesa acudir a clase habiendo dormido menos de ocho horas. “Un niño que está en pleno desarrollo necesita sus horas de descanso para que toda la fisiología que acompaña a su crecimiento sea la más adecuada. Practicar ejercicio favorece ese descanso nocturno”, argumenta Ferrer.

El sueño, en última instancia, también tiene un impacto en la salud mental, cuya protección es otro de los beneficios demostrados de la práctica deportiva. “Uno de los beneficios de hacer ejercicio físico es que reduce fisiológicamente los niveles de ansiedad y de estrés. Pero es que, además, también tiene un impacto importante a nivel emocional, ya que el deporte y las derrotas enseñan a gestionar la frustración, lo que también es muy valioso para otras esferas de la vida”, apunta Ferrer.

El impacto de la práctica de ejercicio en la salud mental también lo ha estudiado Cadenas en un metaanálisis publicado en Sports Medicine que analizó el papel de la actividad física y del sedentarismo sobre la salud mental de niños y adolescentes. Según el mismo, existe una asociación significativa entre la actividad física y un mayor bienestar psicológico en la infancia. “La OMS tiene una frase muy bonita que dice que cada movimiento cuenta. Y es así: el movimiento ayuda a mejorar la calidad de vida, independientemente de la edad que tengas”, afirma.

La importancia de escuchar a los niños y niñas

A la hora de decidir qué tipo de actividad extraescolar deportiva elegir, Ferrer apunta, en el caso de los niños y niñas más pequeños, la conveniencia de optar por una propuesta multideportiva. “Desde la Sociedad Americana de Medicina del Deporte lo que se recomienda es huir de la especialización precoz. Es decir, que a los 5 o 6 años no estén haciendo solo un tipo de deporte”, señala.

Al margen de eso, la experta recomienda escuchar a los hijos y conocer cuáles son sus gustos, lo que no implica necesariamente que la decisión la deba tomar al 100% el niño o adolescente: “Un niño puede querer hacer esgrima, pero igual las clases son a más de 20 kilómetros de su casa. Es importante que entiendan que aquello que les gustaría hacer tiene que entrar dentro de las posibilidades geográficas, económicas o de disponibilidad de la familia”.

En el mismo sentido se pronuncia Cadenas, que destaca la importancia de no obligar a los niños a practicar ningún deporte: “El problema es que si tú, como padre, le obligas a jugar al fútbol, aunque él lo odia, porque a ti te encanta el fútbol y quieres que tu hijo sea Messi, lo que conseguirás es que acabe cogiendo aversión al ejercicio”.

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