Según varias especialistas hay actualmente una brecha de género en asuntos de salud mental: mientras las mujeres han sido educadas para exponer sus sentimientos y pedir ayuda, muchos hombres prefieren anularlos

Barcelona – 29 ABR 2026 – 05:30 CEST
“Las mujeres hacemos más terapia”. Así comienza Júlia Salander, autora de Fuego al machismo moderno (Montena, 2025), un vídeo en el que expone los datos recogidos en el Informe Barómetro Sanitario 2025 del Ministro de Sanidad y explica las consecuencias que la brecha de género en asuntos de salud mental trae consigo. El informe refleja que entre las personas mayores de 35 años, el 86% de las pacientes son mujeres; entre jóvenes, las mujeres ocupan el 72%.
“Las mujeres tenemos más problemas que los hombres porque vivimos en un sistema machista que nos pone una carga extra de violencia y malestar. También prestamos más atención a nuestras emociones por un tema de socialización. Vamos más a terapia porque nos escuchamos más y nos interesamos más por lo que pasa aquí dentro. Y el impacto de todo esto es brutal, porque tenemos a la mitad de la humanidad haciendo terapia, mejorando su inteligencia emocional, sanando sus heridas y aprendiendo a gestionar la vida mientras que la otra mitad no está haciendo ese trabajo… Y eso genera una distancia abismal”, asegura.
No es extraño encontrar en internet guiños cómicos, pero acusadores, acerca de la cantidad de hombres que no quieren ir a terapia. En 2020, el usuario Spencer Kavlan tuiteó: “Los hombres defienden a toda una civilización de la ruina en dos guerras mundiales, forman y mantienen una familia, producen obras maestras del arte y la cultura, y luego simplemente NO van a terapia”. El éxito del mensaje fue tal que desde entonces, las redes se han llenado de mensajes en los que la gente bromea acerca de la cantidad de cosas absurdas que los hombres son capaces de hacer con tal de no buscar ayuda.
El miedo a la vulnerabilidad
Cecilia Martín, directora del Instituto de Psicología Psicode, explica que a los hombres se les ha educado para mostrar fortaleza como signo de valor. No suelen pedir ayuda porque desde la infancia han sido socializados bajo un mandato muy claro: no mostrar vulnerabilidad. “La masculinidad tradicional se ha construido dándole valor a la autosuficiencia, el control emocional y la idea de que pedir ayuda es un signo de debilidad. Ir a terapia implica exactamente lo contrario: reconocer que algo no va bien y exponerse emocionalmente. Esto genera lo que en psicología se conoce como conflicto de rol de género cuando lo que sientes (’necesito ayuda’) choca con lo que crees que deberías ser (’debo superarlo solo’)”, asegura la autora de Ghosting, celos, rupturas y otros dramas modernos (Vergara, 2026). “El hombre que funciona es el que no se rompe, el que genera recursos, el que soluciona problemas. En este guion no hay espacio a la vulnerabilidad”.
Eduard Alegre, copresentador del podcast Hijxs de boomers, va a terapia y se enorgullece de ello. “En mi opinión, desde una perspectiva masculina, acudir a terapia suele percibirse como algo más que pedir ayuda: se vive como una grieta en la idea de autosuficiencia con la que muchos hombres han sido educados. Implica admitir que algo no funciona, que no se tiene el control o que se ha fracasado en sostenerlo todo en silencio. A eso se suma la incomodidad de exponerse emocionalmente, de poner palabras a lo que duele en un entorno donde no hay refugio en el humor, la evasión o la acción”, asegura. “Por eso, no es extraño que muchos hombres lo eviten o lo posterguen. En mi experiencia, sin embargo, la terapia es útil precisamente porque ofrece un lugar donde expresar preocupaciones e inseguridades con alguien capacitado para escuchar y orientar”, explica.
No son pocas las series que muestran a personajes masculinos reacios a acudir a terapia que terminan por acudir y disfrutan al hacerlo de sus progresos, comoLos Soprano y BoJack Horseman. Ted Lasso ha sido elogiada por la manera en la que ha normalizado que los hombres vayan a terapia a través del personaje de Ted, al que da vida Jason Sudeikis. En una escena, el entrenador sufre un ataque de ansiedad en pleno partido y asegura que se trata de un simple dolor de estómago. Aunque se niega a escuchar las señales que su cuerpo le manda, finalmente acaba por acudir a una especialista. Como ocurre en tantas series, las sesiones son las que permiten descubrir los miedos de sus personajes y ver el arco al que su personalidad se enfrenta precisamente gracias a asumir la necesidad de exponer sus inseguridades y de mostrar su vulnerabilidad.
El actor Jaime Llorente explicó en Salvados que para él la ayuda psicológica fue un auténtico abrazo: “Ese primer contacto me habilitó un lugar de tranquilidad que me hacía ver que hay una solución y que estoy haciendo algo para encontrarla. Eso me hizo descansar un montón. Lo recuerdo como uno de los mayores gestos de amor propio que he tenido en mi vida”.
Terapia ‘online’ y terapia grupal
El psicólogo Rafael San Román hace un matiz: “La terapia funciona para aquellos que la necesitan, encuentran un terapeuta adecuado y no la interrumpen. Cuando surge la opción de hacer la terapia online, son más los hombres que se apuntan que los que no lo hacen, aún siendo un número inferior al de mujeres”, dice el autor de ¿Qué le cuento a mi psicólogo? (Plataforma Editorial, 2024). Martín está de acuerdo con la importancia de dar con un profesional adecuado para sus necesidades. El Dr Stephen Blumenthal escribió sobre otro matiz en The Guardian: se dio cuenta de que sus clientes masculinos suelen preferir las terapias de grupo, pues considera que al haber sido las mujeres más propensas a buscar ayuda profesional en forma de terapias de conversación, la terapia se ha desarrollado desde una perspectiva femenina.
“Hablar directamente sobre los sentimientos puede resultar incómodo para los hombres”, indica. “Los hombres a menudo prefieren la terapia de grupo por su sentido de camaradería y experiencia compartida, que permite la conexión sin estar en el centro de atención. Suelo observar esto con mis pacientes: se empieza hablando de su entorno laboral, un tema con el que se sienten cómodos, y se termina hablando de luchas personales más íntimas, porque abordar directamente lo personal resulta demasiado intimidante para ellos”, explica.
Y llegamos al quid de la cuestión: la brecha de género en el mundo terapéutico también ha llegado al mundo de las relaciones amorosas. La plataforma de citas Hinge ha descubierto que el 91% de sus usuarios preferiría salir con alguien que va a terapia. El denominado mankeeping, que indica cuando la carga emocional de la relación recae exclusivamente en las mujeres, es el responsable de que muchas hayan perdido la fe en la posibilidad de encontrar pareja. Y, como explica la coach Ainoa Espejo, al alimentarse la atracción erótica de la sensación de igualdad y juego, “cuando una persona asume la posición de cuidadora constante y la otra se acomoda en la dependencia, la energía entre ambos se desajusta”.
La doctora Jess Carbino explicó a The Times que hablar de terapia en los perfiles de citas es una señal de que los usuarios “quieren proyectar que se preocupan por su bienestar y demostrar su capital en salud mental”. Lluna Gay, copresentadora de Hijxs de Boomers, cree que es “casi fundamental” que los hombres cis hetero den una oportunidad a la terapia. “Implica reconocer el sistema machista y patriarcal en el que vivimos y asumir que ellos también son, en parte, sus víctimas.
El simple hecho de abrirse y poner en palabras lo que duele, activar esa dimensión emocional tantas veces reprimida, ya supone un avance significativo. Para mí, vincularme con hombres que parten de estos mínimos es lo esperable, tanto en lo afectivo como en la amistad. Lo demás pertenece a otro plano más complejo. Poner conciencia es clave para el progreso humano; después vienen la empatía, la asertividad y la capacidad de ver al otro sin perderse a uno mismo”, explica a ICON.
Eso sí, ha observado una tendencia reciente. Consiste en “hombres muy heridos, en terapia, instalados en un discurso centrado en mis necesidades, mis tiempos, mi espacio. A veces, ese proceso se queda ahí, sin dar el paso de compartir la herida ni permitir que otro la acompañe. Esto puede resultar frustrante”. Cecilia Martín resalta que el impacto que tiene que muchos se nieguen a acudir a terapia se refleja en las relaciones de pareja.
“La falta de trabajo emocional se traduce en patrones muy claros como la dificultad para expresar lo que se siente, evitar del conflicto o, en el extremo opuesto, explosiones emocionales. También se refleja en la tendencia a desconectar cuando la relación requiere profundidad. Cuando alguien no sabe gestionar lo que le pasa por dentro, no siempre lo comunica. A veces se distancia o desaparece haciendo ghosting. Y eso tiene un coste emocional en la otra persona. Puedes no ir a terapia. Pero entonces, probablemente alguien acabará pagando el precio de eso”, advierte.
