La vanidad se manifiesta en una exagerada preocupación por la imagen, en un vivir para los ojos de los demás. El foco de interés no está en la propia experiencia, sino en lo que va a pensar o sentir el otro respecto a uno.
En la infancia se han sentido amados cuando han cubierto las expectativas parentales, a menudo de carácter narcisista, han sentido el amor condicionado a la conducta y han perdido, en el empeño por ser amados, el contacto con el ser verdadero que no se vive como digno de amor.
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