Las seis heridas emocionales que nos llevan a buscar ayuda psicológica

Las heridas del alma tienen sus raíces en las relaciones que establecemos con personas significativas en nuestra infancia: abandono, traición, rechazo, humillación, no reconocimiento, injusticia y maltrato

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Cuando nos hacemos una herida en el cuerpo la curamos para evitar que se infecte; pero no siempre lo hacemos con las emocionales Getty Images/iStockphoto

MARÍA RUFINO

17/04/2024 06:00 Actualizado a 17/04/2024 12:54

Hay muchos motivos que pueden llevarnos a buscar ayuda psicológica. Entre ellos se encuentran la ansiedad, inseguridades, falta de estima hacia uno mismo y las dificultades en las relaciones interpersonales. Sin embargo, estos síntomas suelen ser la punta del iceberg: debajo subyacen las heridas emocionales de las cuales derivan.

Estas heridas son producidas por experiencias dolorosas que hemos vivido y que no han sido reparadas. La reparación adquiere especial relevancia porque podemos vivir experiencias que nos duelan, pero si ese dolor es atendido y reparado no tiene por qué causarnos herida alguna. De la misma manera que cuando nos hacemos una herida en cualquier parte del cuerpo procuramos atendernos el dolor y evitar que se infecte, es necesario actuar de la misma manera con las emocionales.

El dolor procede de lejos en el tiempo pero no sabemos cuándo se puede manifestar

Las heridas emocionales son de naturaleza relacional, es decir, surgen en el contexto de nuestras relaciones, ya sean familiares, afectivas o sociales y también encuentran su proceso de sanación y reparación en dichas relaciones. Por lo general, estas heridas tienen sus raíces en las relaciones que establecimos con personas significativas durante nuestra etapa infanto-juvenil. Generalmente, con nuestros padres, madres u otros referentes como abuelos, hermanos, profesores, compañeros de clase, primeras parejas sentimentales. Son sentimientos dolorosos que experimentamos con personas importantes, antes de entrar en la edad adulta, y que dejan una marca indeleble en nosotros. Tal vez, sentir que no éramos lo suficientemente buenos, sentirnos abandonados, traicionados o poco valorados.

Aunque el tiempo pueda atenuar ese dolor, no logra que desaparezca. Por ello, incluso después de muchos años, sigue presente en nuestro interior. A menudo, no somos conscientes del dolor de estas heridas hasta que alguna situación o persona las toca, lo cual nos impulsa a buscar ayuda psicológica.

1

La persona que experimenta la herida del abandono pudo sentirse desprotegida y descuidada. Puede temer a la soledad y, al establecer relaciones, opta por dejar a la otra persona antes que ser dejada, como una forma de evitar revivir el sentimiento de abandono.

2

La persona que sufre la herida de la traición pudo experimentar sentimientos de decepción al sentir que le mintieron o que la engañaron. Esto resulta en una actitud de desconfianza y resentimiento para evitar volver a pasar por esa situación.

3

La persona que tiene la herida del rechazo ha enfrentado dificultades para sentirse aceptada e integrada, experimentando el rechazo por parte de los demás. Esto la ha llevado a la internalización de pensamientos negativos sobre sí misma, como sentimientos de no valer lo suficiente o de no ser merecedora de amor.

4

La persona que presenta la herida de la humillación experimentó situaciones en las que fue objeto de burlas o se sintió avergonzada por parte de los demás. Algunas de estas personas pueden adoptar una actitud defensiva, convirtiéndose en críticos de otros para evitar ser humillados nuevamente.

5

La persona con la herida del no-reconocimiento no se ha sentido valorada ni reconocida. Ha experimentado la sensación de que, sin importar cuánto se esfuerce, nunca es suficiente. Estas personas pueden tener un alto nivel de exigencia consigo mismas, buscando alcanzar logros que les permitan obtener el reconocimiento y la valoración que anhelan.

6

La persona que tiene la herida de la injusticia ha vivido situaciones en las que se sintió tratada de manera injusta o parcial. No percibió un trato equitativo, especialmente en comparación con otros, como hermanos u otras personas similares. Es posible que haya sido objeto de críticas o juicios que consideró injustos. Como resultado, pueden tener dificultades para aceptar normas o autoridades impuestas, así como puntos de vista diferentes al suyo, expresando su desacuerdo con una intensidad emocional notable.

Las heridas revelan vivencias y experiencias de nuestra vida que aún aguardan ser reparadas. No obstante, sin importar cuánto tiempo haya transcurrido, siempre estamos a tiempo de iniciar un proceso de reparación. Podemos emprenderlo a través de las relaciones que cultivamos con los demás, ya sea en el contexto terapéutico de la psicoterapia, en la relación con nuestra pareja, hijos, amigos…y en la relación que establecemos con nosotros mismos. Son vínculos en los que buscamos confianza y seguridad en los que sentirnos comprendidos, tenidos en cuenta, aceptados, valorados o acompañados.

Curar o gestionar

Nadie escapa al dolor emocional y la clave está en atenderlo: “Todos los seres humanos somos seres heridos”, dicen los especialistas

Como afirmó Henri J.M. Nouwen en su libro El Sanador Herido, “Todos los seres humanos somos seres heridos, solo que a unos se les nota más que a otros”. Esta reflexión resuena en la esencia de nuestra humanidad, recordándonos la universalidad de las heridas emocionales que llevamos dentro y, al mismo tiempo, la capacidad que todos tenemos de sanarnos.

Maria Rufino es doctora en Psicología

https://www.lavanguardia.com/vivo/psicologia-salud-mental/20240417/9596187/que-nos-lleva-a-buscar-ayuda-psicologica.html