Vivir en el presente, confiar en la intuición y otras bases del zen para la vida moderna

BIENESTAR

Practicar el zen es un camino de conexión con nuestra naturaleza esencial

Simplificar, depurar y estar en el presente de forma consciente, nos hace disfrutar de la vida con plenitud

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Simplificar, depurar y estar en el presente de forma consciente, nos hace disfrutar de la vida con plenitud Getty Images

ALEXIS RACIONERO

29/02/2024 15:38

El zen es una filosofía de vida basada en el valor de las pequeñas cosas. Saber estar en el presente y atender a la intuición son algunos de sus valores esenciales. La inmediatez, lo espontáneo, lo simple… son aspectos de la vida que muchas veces se nos escurren entre los dedos. La mente dispersa y acelerada nos pierde. Para evitarlo el zen trabaja disciplinadamente la meditación. Desde la práctica meditativa, aprendemos a enfocarnos en lo esencial y obvio. 

Más allá del monólogo interior y el parloteo de la mente, existe un espacio de silencio donde percibir la realidad de una manera más pura. Ni nos proyectamos en la ansiedad del futuro, ni nos perdemos en la melancolía del pasado. Se trata de estar en el presente más depurado, sin añadir nada. No interpretar, conspirar o fabular. Atender a lo esencial. Como dice uno de los más populares aforismos del zen, atribuido D. T. Suzuki, uno de sus mejores difusores, “esto es lo que es.” Nada más, pero nos cuesta tanto tener esa mirada neutra ante la realidad.

Desde la práctica meditativa, aprendemos a enfocarnos en lo esencial y obvio

Vivir en el zen no es fácil. Implica disciplina para meditar cada día, en sesiones mínimas de treinta minutos. Puede ser al despertar, en las primeras horas del día o al acabar la jornada. Se medita en silencio, en una postura cómoda y con la mirada fija en un punto. Hay dos escuelas principales en el zen: soto y rinzai. La primera es más austera y medita de cara a la pared. La segunda, se fija la mirada en el suelo. Se trata de entrar en el aprendizaje silencioso para percibir la realidad tal y como es. La práctica puede dar pequeños momentos de lucidez llamados satori. No buscamos iluminarnos. Simplemente, ver lo que acontece de una forma más simple y directa.

La vía del zen también tiene muy en cuenta la importancia del espacio que habitamos. Toda su estética y arquitectura parte del minimalismo. Al igual que vaciamos la mente de pensamientos, lo hacemos con las estancias. Mínima decoración en busca de lo diáfano. Simplifica y disfruta del vacío.

Como disciplina vinculada al budismo, se valora el desapego, salirse del personaje ególatra y narcisista por lo que, en lo vital, uno puede ser feliz con muy poco. No estamos ante una filosofía del tener sino del ser. Como muestra la bonita película Perfect Days (W. Wenders, 2023), uno puede dedicar su cotidianeidad y ser feliz. La dicha no está en el dinero o el cargo que uno ostenta, sino vivir tranquilo. Pequeños placeres como contemplar la luz del sol filtrándose entre las hojas de los árboles pueden bastar para colmar nuestro espíritu. Esta práctica que los japoneses llaman komorebi, es un ejemplo más de lo importante que es la naturaleza para la cultura nipona.

El zen llegó a Japón desde china, bajo una forma de budismo que mezclaba elementos con el taoísmo, una disciplina basada en percibir las armonías de la naturaleza. Por eso en la vía del zen, se busca la conexión con la tierra, la horizontalidad y los materiales naturales. Se celebran las estaciones y se vive con la luz solar. Además de la pintura, los jardines de piedra seca o karesansui, son una de sus mayores expresiones artísticas. Espacios limpios y diáfanos donde la grava simboliza el río de la vida o el mar universal.

En la vía del zen, se busca la conexión con la tierra, la horizontalidad y los materiales naturales

Por último, uno de los grandes pilares del zen tiene que ver con soltar la mente, la ambición y las posesiones materiales. El vacío fértil es el espacio de aprendizaje. A partir de él, aparecen esas chispas de intuición que revelan la más profunda realidad. Esa que concentran los breves poemas haiku.

«Hoy el rocío/ borrará lo escrito/ en mi sombrero». M. Basho, Sendas de Oku (Atalanta, 2014)

La vía del zen sirve para llevarnos de la cotidiana alienación al ser lúcido. Lo más increíble es que no hay que hacer nada. Tan sólo parar, escuchar y meditar. El zen es una transmisión especial al margen de los textos, independiente de la palabra y de la letra que muestra directamente el corazón del ser. Así llegamos a conectar con nuestra propia naturaleza, acercándonos a la condición de Buda.

Tres prácticas zen

1. Meditación zazen

El zazen consiste en meditar sentado, en postura fácil. Normalmente, en loto o medio loto, pero también puede hacerse en una silla con la espalda erguida y las piernas en ángulo recto. Silencio absoluto y el cuerpo en completa quietud. La atención se centra en la respiración, poniendo el énfasis en la exhalación. Normalmente, los ojos están abiertos fijando la atención en un punto en la pared o en el suelo. Nada debe distraernos de este ejercicio de atención plena.

2. Crear un poema haiku

El espacio de creación e inspiración de estos poemas es la naturaleza. Se escribe de ella y en presente. Manda la inmediatez o percepción instantánea de la realidad. La rima es libre pero la métrica debe fijarse en tres versos de cinco, siete y cinco sílabas cada uno. Se valora lo simple, así como la precisión en el detalle. Nada de artificios ni adjetivaciones ampulosas. Debo ser algo íntimo y real.

3. Diálogo koan

Esta es una forma de diálogo donde desafiamos a la lógica. Se trata de confundir a la mente con acertijos imposibles de resolver. Surge como algo espontáneo y directo, causando el efecto de bloqueo en la mente. Estos son algunos buenos ejemplos: ¿Cuál es el sonido de una sola mano aplaudiendo? ¿Cómo es tu rostro antes de nacer? ¿Cuál es el color del viento?Conceptos básicos del  zen1

Satori
Momento de revelación y conocimiento. Chispa intuitiva que sucede cuando somos capaces de vaciar la mente. Equivale a lo que en otras disciplinas se conoce como insight. Instante lucidez máxima que conlleva un aprendizaje. Percepción inmediata y clara. 

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Anicca
Ley de la impermanencia inherente al budismo. Conlleva la condición de vivir en el presente, asumiendo que todo es cambio. Nada permanece, así que la vida es un fluir continuo. Lo mismo sucede en la naturaleza y el universo que nos rodea. La impermanencia también ayuda a no aferrarse a las cosas ni al plan establecido. Hay que saber adaptarse al cambio. 

3

Ki
Equivalente a los términos chi prana. Se refiere a la energía vital que fluye en el universo. Vibración que nos envuelve a todos los seres vivos e inanimados. Conectar con el chi es uno de los objetivos de la meditación zen o algunas de sus prácticas como los poemas haiku o la ceremonia del té. Fuerza vital que puede asociarse a la respiración. Es el flujo de la energía vital. 

Bases del Zen

1. No aferrarse al ego. Dejarlo ir. Es preciso distanciarse del personaje principal que lleva las riendas de nuestra vida. Identificarlo, trascenderlo y alcanzar la posición del observador distante.

2. Vivir en el presente. Aquí y ahora. El pasado es la estela de nuestro barco. El futuro todavía no ha llegado. Si generamos expectativas podemos frustrarnos al ver que las cosas no se cumplen. Todo cambia.

3. Elimina conceptos y deja de etiquetar. Esto es esto, nada más. No te dejes engañar por los conceptos. Ver el mundo sin conceptos. Como dice Alan Watts “El zen es suspender las reglas que hemos puesto sobre las cosas y ver el mundo como es realmente.

4. Concentrarse en la respiración y meditar en ella, nos hace estar en el instante. Inhalas y exhalas de forma lenta y profunda, tratando de equilibrar las dos fases. Si la mente te distrae vuelves a la respiración.

5. El conocimiento es intuición. Más allá de la inteligencia racional, existe el conocimiento inmediato e intuitivo. Desarrollarlo es una cuestión de práctica y entreno.

6. Aunar los contrarios. No vivir en la dialéctica y la polaridad. Las cosas no son buenas o malas, blanco o negro. Todo forma parte de una misma esencia o unidad. No hay que estar todo el día escogiendo. Como dice D. T. Suzuki, la mente descansa cuando el dualismo se desvanece.

“El camino perfecto no conoce dificultades / excepto que rechaza hacer preferencias, / Sólo cuando el ser, se libera del amor y del odio / Se revela a sí mismo plenamente sin disfraz alguno… / Cuando la mente descansa serena en la unidad de las cosas… /el dualismo se desvanece por sí mismo”. D.T Suzuki Ensayos sobre Budismo Zen (Kier, 1995).

Tres cuentos Zen

1. La taza de té En una ocasión un maestro zen recibió a un profesor de universidad que vino a preguntarle sobre el Zen. El maestro sirvió té y cuando hubo llenado su taza siguió sirviendo hasta verter el contenido. El profesor lo observó durante un tiempo hasta que no pudo quedarse callado y le dijo: “está vertiendo el té, por favor pare.” A lo que el maestro le contestó: “Al igual que esta taza, usted está lleno de tus propias creencias y opiniones. Cómo puedo enseñarle si primero no vacía su taza.”

2. La Bandera y el Viento

Una hermosa tarde de primavera, un maestro zen vuelve de paseo. Sopla una ligera brisa y, al llegar frente al portal del monasterio, el maestro ve que la bandera con la efigie de Buda ondea suavemente al viento. Ante ella discuten dos jóvenes novicios. 

– ¡Lo que se mueve es la bandera! 

– ¡No el viento!

– Lo que importa según la doctrina es lo que vemos. ¡Y es la bandera que se mueve!

– ¡Que no! La agitación de la bandera es tan sólo consecuencia del viento

– ¡Pero la existencia del viento es una hipótesis!

– La bandera no se mueve porque sí, su realidad es constitutiva del viento

– Pura especulación! 

Los dos monjes se acaloran en la discusión y al advertir la presencia del maestro le preguntan:

 – Maestro, ¿qué es lo que se mueve, la bandera o el viento?

 – No es la bandera lo que se mueve, no es el viento lo que se mueve, monjes, lo que se mueve es vuestra mente. El Zen es un misterio. En cuanto lo toca un pensamiento, desaparece. 

3. La bella imagen del fondo del barril que cede

“Cuando se alcanza el momento de abdicación de cuerpo, mente y espíritu uno es como una cesta sin fondo o como un cuenco agujereado. Metamos dentro lo que metamos, no puede retener nada, vertamos en él lo que vertamos no puede llenarse. Cuando este instante sobreviene, decimos que el fondo del barril ha cedido.”

Maestro Keizan en Crónicas de la transmisión de la luz (Kairós, 2006)

https://www.lavanguardia.com/magazine/experiencias/20240229/9531284/zen.html